14 de mayo de 2016

Volver

Como tendréis por más que comprobado, soy una persona con grandes tiempos de silencio. Me retiro cíclicamente de tanto en tanto hasta que algo me empuja de nuevo a escribir. Y la verdad es que no se si eso es bueno o no. Pero es un hecho consolidado en mi historia.
Porque yo nunca me voy. Nunca me he ido del todo. Y siempre estoy dispuesta a volver cuando así lo siento.

En esta ocasión han tirado de mi. Me han pedido un par de escritos que ni siquiera sé si podré acabar, pero que me han recordado que sigo aquí. Que sigo viva, activa y leal. Y que en realidad tengo mucha más cuerda de lo que puede parecer.

15 de abril de 2015

Humus Folclorico

En ocasiones una despierta, abre los ojos... y leer cosas que no debería.

Estamos en una era de comunicación en la que a veces es dificil que cosas puntuales de seres puntuales no te quemen las retinas. No obstante, cuando lo hacen es culpa de uno mismo. Por mirar.

Hace nada he leido una máxima ajena. Ni siquiera me la decían a mí, pero me ha calado en lo más hondo. La máxima decía: "foclore y wicca no tienen nada en común".

Vale, no soy la primera experta en wicca. Nada más lejos. Pero si soy una curiosa impenitente... y  creo que si G. Gardner levantara la cabeza hoy, volvería corriendo a su lugar de eterno descanso ante una frase así. Conmino e invoco a todos mis amigos wiccanos de todas las tradiciones para que expongan, corrijan, enmienden y amplien lo que estoy a punto de decir. Pero....

Danza Morris. Folclore inglés por el cambio de estación.

A Gardner le gustaba el folclore. Expuso y envió mucho material a la Folk Lore Society, con interés de ingresar.
Este interés por el folclore inglés forma parte integrante de su proyecto al crear la wicca como religión de la brujería, tal y como se trasciende de sus propios escritos.
Simplemente la propia rueda de las festividades, así como muchas de las actividades relacionadas a ella en muchas por no decir todas las tradiciones que conozco beben más o menos abiertamente del folclore de una u otra zona. Muy obviamente del folclore anglo-sajón y celta, aunque también del sajón, germano y nórdico por nombrar sólo los más prominentes de la europa occidental.

No voy obviamente a negar la enorme influencia en la wicca de organizaciones esotéricas como los rosacruces o la OTO e individuos como Crowley o Dione Fortune. Pero no se puede decir que esas influencias sean únicas. Al contrario.

Otras grandes influencias se encuentran en el campo de la antropología y el folclore, llevados de la mano pese a quien pese. Obras como "el culto a la brujería en europa occidental" y "El Dios de los brujos" de Murray, "La rama dorada" de Frazer y "Aradia o el evangelio de las brujas" de Leland son referentes claros para Gardner. Referentes que beben de antropología, mitología y folclore.

¿Se puede decir que esto es no tener nada en común? ¿En serio?

El folclore es el suelo fértil sobre el que descansas las modernas religiones paganas. Es humus para nuestras raices, combustible para nuestro crecimiento. Y esto incluye desde la wicca más ecléctica y new-age (y por tanto, menos wicca) hasta el reconstruccionismo más cabezón y extremo.

La verdad es que... para qué leeré.

14 de abril de 2015

Tiempos de silencio

No siempre me doy cuenta, pero soy una persona que vive con grandes tiempos de silencio. Estos tiempos pueden ser de muchas clases, y los mios suelen ser combiandos.

A veces mis tiempos de silencio responden a una reserva. El silencio se vuelve una capa protectora que me ayuda a seguir adelante cuando hay algo delicado en progreso. Porque hay muchas cosas que son como las semillas hibernantes: necesitan oscuridad, silencio y calor. Y mientras muy por encima de ellas se desarrolla el drama del invierno, mientras las aves huyen, los herbívoros padecen y el universo lucha, ellas laten silenciosas esperando otros momentos. Este tipo de silencio ayuda a concentrarse. Ayuda a volver al núcleo. A pensar en qué es lo que te resulta importante....

A veces, mis tiempos de silencio responden a la ciclotimia. Como las plantas, tengo dos pausas en mi biorritmo mental. Una invernal y otra estival. En ambas pausas me doy cuenta de que necesito pararme y respirar. Que todo el bullicio de la actividad me está confundiendo. Que a veces pierdo el norte, pierdo la raíz, y solamente me queda volver a empezar. Porque, en realidad, hay pocas cosas que sean tan agradables como volver a empezar.

Y algunas veces, aunque más de las que parece, el tiempo de silencio responde a una ruptura. Porque somos frágiles aún cuando somos más resistentes. En nuestras partes más duras, y también en las flexibles. Somos frágiles, porque aunque queramos negarlo, el viento nos dobla y nuestras ramas se parten bajo el peso de la nieve. Y es en esta fragilidad en la que necesitamos buscar el lugar oscuro y silencioso en el que recuperarnos.

Hoy, mi tiempo de silencio tiene que ver con todo lo anterior. Porque me rompo tanto como resisto. Porque necesito pausarme junto a la pausa de mi jardin. Porque necesito retirarme de batallas grandes que no son mias y centrarme en las batallas mínimas que si lo son.

Mañana, mi tiempo de silencio será por todo esto, por algo, por nada... Pero será diferente a todos los anteriores. Porque cada tiempo de silencio es un refugio único para el alma. Un capullo que se crea en necesidad, y luego no puede ser reutilizado. Y siendo único, es absolutamente hermoso.

Disfrutad de cada uno de vuestros tiempos de silencio. Valoradlos. Buscadlos cuando los necesitéis.

5 de diciembre de 2014

Maravilla

La capacidad de maravilla es una de las capacidades innatas de los seres sintientes.
Es esa emoción que ilumina desde dentro a los niños pequeños. Es lo que veo en mi hijo cada vez que  se encienden las luces de navidad, cada vez que pasamos por delante del cartel luminoso del kebab de mi pueblo. Es lo que deberíamos sentir ante cualquier evento de profundo calado emocional, aunque aparentemente sea nimio, por ejemplo, las estrellas o la puesta de sol.

La capacidad de maravilla es la base del sentimiento religioso. La maravilla nos hace creer en que puede haber algo más allá. O incluso algo más acá.  Sobre el sentimiento de maravilla se edifica la mejor parte del alma humana.

Pero aún que no creamos en nada, aun que no usemos nuestra capacidad de maravilla para impulsar nuestra espiritualidad o nuestra necesidad de entender el universo en toda en su grandeza, deberíamos aprender a observarla y a respetarla en tanto una pare central de nosotros mismos.



26 de noviembre de 2014

Folkish (o la importancia de la sangre)

La importancia de la propia sangre en el paganismo es uno de esos temas controvertidos por los que uno es amado u odiado (o ambas cosas). Uno de esos temas que es mejor no tocar para mantenernos a salvo y felices.

Y esto es así porque cuando hablamos en estos términos nos acercamos peligrosamente a lo que se entiende por un ideario racista o incluso a la vinculación con elementos políticos concretos de extrema derecha. El ejemplo más claro de esto es el caso de los paganos nórdicos que se autodenominan folkish. La sombra (y en ocasiones la acusación directa) del nazismo les persigue.

Quiero dejaros una traducción muy inexperta y de andar por casa (es decir, que tengo el libro en inglés al lado y traduzco/transcribo directamente. Traductores, perdonadme.) de la definición del termino "Heathenismo Folkish " que escribió Galina Krasskova en su libro "Exploring the Norhtern Tradition". Es una obra sencilla que a mi me aclaró muchos conceptos.
"En el limite más conservador del espectro (de los heathens), tenemos el Heathenismo Folkish . Puede que no haya otra "denominación" más controvertida que esta. En 1996, "folkish" se usaba como sinónimo de "racista", denotando a alguien que estaba a solo un paso de la Supremacía Blanca. Por fortuna esta visión reaccionaria se ha suavizado de algún modo con los años y ahora podemos ver un espectro de creencia y práctica dentro  de la comunidad Folkish.  A un nivel básico, los Heathens Folkish creen que para practicar tradiciones del norte uno debe ser Anglo/Germánico/Escandinavo o estar inculturizado en estas comunidades. Para algunos, aquellos que no sean descendientes de europeos deben formar parte de la comunidad por adopción o juramento de sangre. Para otros nada será suficiente si no eres de ascendencia ingelsa/germana/escandinava. Ponen, como los tribalistas, una gran atención en construir una comunidad heathen fuerte (mucho folkish son también tribalistas). El Heathenismo de todos modos es considerado primero y ante todo una religión ancestral. Para apreciarlo completamente, para tener un vínculo directo con los dioses nórdicos, uno debe formar parte de este legado ancestral.Muchos Heathens Folkish no se consideran a sí mismos racistas  (aunque hay un porcentaje de la comunidad que sí) pero sencillamente no comprenden por qué  alguien que no sea de ascendencia germánica buscaría honrar a los dioses gérmanicos y su cultura. Estas personas deberían ser animadas a buscar y honrar sus propios dioses indígenas."

¿Es esta una postura adecuada? Cada cual puede juzgarlo a su propia manera, claro está, aunque nunca se deba hacer pasar una reprobación más o menos velada por una duda. Lo que no puede hacerse es decir, injustamente, que folkish es por definición una ideología nazi o de extrema derecha. No obstante, si que deberíamos tener cuidado con a qué actitudes damos alas y a qué ideologías damos cobijo. No debería darse pie en los grupos folkish o no a ideologías abiertamente dañinas. Personalmente considero que la religión y la política no deberían imbricarse nunca tan estrechamente como para que la una diera sustento y amparo a la otra. Es más, en cuestiones de agresión y violación de los derechos humanos, tal vez la religión debiera siempre ser la primera en tomar un camino activo y no uno pasivo, y por tanto educar y denunciar por igual.





Pero volviendo al tema de la importancia de la propia sangre. Queda claro que mi hijo se parece a mi, y que yo me parezco a mis antepasados. No es tan solo una cuestión genética si no cultural y de educación en gran parte. Tenemos que reconocer que tenemos raíces, pasado. Negarlo y desasirnos de él es algo que podemos hacer pero lo contrario, es decir, bucear en él y aprender puede ser la base de un crecimiento posterior nos lleve a donde nos lleve.

El culto a los antepasados implica antepasados físicos, aunque pueda hacerse para algunos también con antepasados espirituales. Un antepasado es una parte de tí, una conexión directa. Un antepasado es una lección buena o mala que aprender. Tus antepasados te ligan. Hasta cierto punto.  Si provienes de una familia de locos, puedes ser un loco o ser completamente cuerdo. O incluso cualquier cosa entre medio.

Tiene sentido que si tienes un pasado, busques en él lo más adecuado para tí. Pero también tiene sentido que no lo encuentres. Lo que no tiene sentido es que nadie distinto a ti decida donde no puedes encontrar tu camino.

Seamos sinceros, este tema es más relativo en europa que en america. Aquí la diversidad es menor, pero sobre todo seguimos arraigados. No necesitamos identificar nuestra filiación de origen para diferenciarnos de otros. No necesitamos nuestra filiación origen para identificarnos a nosotros mismos.

El camino siempre es único. Puedes pisar la parte de tus ancestros o no hacerlo. Haberlo hecho antes o hacerlo en un futuro. La sangre está ahí. Siempre será un recurso. Pero no es todo lo que uno es. La sangre, como muchas otras cosas, puede conformar parte de tu todo identitario pero no definirlo por completo.

13 de noviembre de 2014

Textos Sagrados


Es complicado.

Es sumamente complicado hablar de textos sagrados dentro del paganismo. Quizás porque en realidad no tenemos. Ni tendremos nunca.

Pero empecemos por el principio. Un texto sagrado es aquel texto que o bien está escrito por lo divino o bien inspirado directamente por ello y que como tal sirve de base de fe para una religión. Esto ya nos plantea un problema a todas las tradiciones paganas. El concepto "Base de fe" es complicado. El concepto "fe" lo es más aún.  Como siempre, el uso de las palabras es al tiempo un aliado y un enemigo.

Pero dejemos a parte los problemas de concepto con todo lo relacionado con la fe. Al fin y al cabo, esa es una discusión para otro momento, si no para otro medio o para otra persona....

Los paganos no tenemos textos escritos por los Dioses, cualesquieran que sean. Sabemos que todos nuestros textos los han escrito hombres y mujeres como nosotros. Sabemos que tienen tradiciones que a veces son la misma que la nuestra, y a veces no. Y sabemos también que sus caminos son distintos a los nuestros.

Los paganos podemos aceptar la inspiración. Un texto inspirado es bello, y enseña. De hecho un texto inspirado puede ser extremadamente sagrado.... para quien ha recibido la inspiración. Un texto inspirado es, en todo caso, la expresión palpable de la hierofanía personal del autor. Un texto sagrado es la resulta de una experiencia casi mística, si no mística por completo. Por lo tanto un texto sagrado es, en parte, inefable. Esta es la contradicción básica del impulso de comunicación del místico. Y es ésta también la belleza del mismo.

Pero no, la experiencia de otro no es extrapolable. En la experiencia de otro no se aprende aquello que el otro aprendió. Del estudio de la experiencia ajena no se entresaca "la verdad". En todo caso se ve parte de otra senda, hermosa y única, que te ayude tal vez a comprender cómo es, ha sido o será la tuya.

No. No creo que tengamos textos sagrados.

4 de noviembre de 2014

¡¡¡¡Fluffy!!!!



Para mí, Fluffy es una palabra con premio.

Para empezar, Fluffy es bonito. Es peluchesco y adorable.

Para los que no conozcan el término, que asumo que son los menos, fluffy es el diminutivo popular de la expresión inglesa "flyffy bunny", que se puede traducir por conejito mullidito o conejito peludito. Altamente abrazable.

He encontrado, por cierto, otra referencia al término. Se trata de un juego de comer en el que dos o más personas se meten en la boca "nubes" (marshmallows), ganando el que más dulces consiga tener. Absurdamente dulce y posiblemente divertido hasta decir basta. Así puede llegar a ser algo fluffy.

Fluffy es una palabra que habitualmente le es adjudicada a un "otro". Un tercero, un extraño, alguien que no forma parte del grupo. Así, es una preconcepción y también un insulto. Significa que la persona de quién se dice es un ignorante de su religión (pagana, habitualmente wicca), y que todo lo que considera al respecto es bien, luz, amor.... Dicho en otras palabras... "flores, mariposas, arcoiris, plastilina". (Respecto al considerable daño cerebral que la publicidad nos ha hecho, otro día tal vez).

Fluffy es, por extensión, la forma de definir todas las cosas que son místicamente monas. Por ejemplo las nieblas plateadas y las hadas brillantes y benévolas. Todos aquellos unicornios que conceden deseos sin sacrificios. Fluffy pueden ser las melodías que se alzan del corazón a la luna. Fluffy puede ser una danza silenciosa. Fluffy puede ser entonces todo lo que es tierno en nuestra practica, creencia y forma de vida.

Sea como se mire, es una palabra de lo más graciosa. Habitualmente quien más la usa para referirse a otros, más cerca de ser lo que critica se encuentra. Porque Fluffy no es sólo un ignorante, si no uno orgulloso que ya sabe todo lo que debe y desea.

¿Existe entonces el contra-fluffy? ¿El anti-fluffy? Alguien que se concentre en lo morboso de la religión. Que sólo cuente que los dioses son duros, exigentes, ávidos, orgullosos, furiosos... Alguien que considere que sabe más que nadie y que no necesita saber más. Alguien así sería el conejo los Monty Python del paganismo.

...y podría ser muy divertido....

Hay una opción más ante el término: aquel que se autodenomina fluffy. Es una forma de quitarle hierro a la palabra. Así la palabra que era una piedra se convierte en un escudo. Cuando uno dice de sí mismo que es fluffy, dice "me gustan las hadas brillantes, los arcoiris, la luz, los unicornios...." Cuando uno dice de si mismo que es fluffy dice "tengo mucho que aprender aún". Y eso está bien. Pero a veces, cuando uno dice de si mismo que es fluffy, es una excusa para no mirar otra vez. A veces, decirse fluffy implica pervertir al pobre conejito. Decirse fluffy a veces es sinónimo de desear parecer humilde.

Yo misma digo a veces que tengo mis cosas fluffys. Al contrario que muchos otros, yo no quiero negar con ello el sentimiento reverente. No deseo que se pierda el hecho de los latidos perdidos en ocasiones importantes. No quiero negar el dolor o el sacrificio. Por que todo eso forma parte de mi religión tanto como lo que es bonito y fácilmente aceptable.

Yo no concibo ya Fluffy como un insulto. Para mí es algo descriptivo. Fluffy es tierno y dulce. Fluffy es místico en la versión bonita de la palabra. Fluffy tiene purpurina, chispitas, estrellas, velas de colores. Fluffy es una inclinación de todos los corazones a la que es saludable que nos acerquemos de tanto en tanto y en ocasiones, a menudo.