14 de abril de 2015

Tiempos de silencio

No siempre me doy cuenta, pero soy una persona que vive con grandes tiempos de silencio. Estos tiempos pueden ser de muchas clases, y los mios suelen ser combiandos.

A veces mis tiempos de silencio responden a una reserva. El silencio se vuelve una capa protectora que me ayuda a seguir adelante cuando hay algo delicado en progreso. Porque hay muchas cosas que son como las semillas hibernantes: necesitan oscuridad, silencio y calor. Y mientras muy por encima de ellas se desarrolla el drama del invierno, mientras las aves huyen, los herbívoros padecen y el universo lucha, ellas laten silenciosas esperando otros momentos. Este tipo de silencio ayuda a concentrarse. Ayuda a volver al núcleo. A pensar en qué es lo que te resulta importante....

A veces, mis tiempos de silencio responden a la ciclotimia. Como las plantas, tengo dos pausas en mi biorritmo mental. Una invernal y otra estival. En ambas pausas me doy cuenta de que necesito pararme y respirar. Que todo el bullicio de la actividad me está confundiendo. Que a veces pierdo el norte, pierdo la raíz, y solamente me queda volver a empezar. Porque, en realidad, hay pocas cosas que sean tan agradables como volver a empezar.

Y algunas veces, aunque más de las que parece, el tiempo de silencio responde a una ruptura. Porque somos frágiles aún cuando somos más resistentes. En nuestras partes más duras, y también en las flexibles. Somos frágiles, porque aunque queramos negarlo, el viento nos dobla y nuestras ramas se parten bajo el peso de la nieve. Y es en esta fragilidad en la que necesitamos buscar el lugar oscuro y silencioso en el que recuperarnos.

Hoy, mi tiempo de silencio tiene que ver con todo lo anterior. Porque me rompo tanto como resisto. Porque necesito pausarme junto a la pausa de mi jardin. Porque necesito retirarme de batallas grandes que no son mias y centrarme en las batallas mínimas que si lo son.

Mañana, mi tiempo de silencio será por todo esto, por algo, por nada... Pero será diferente a todos los anteriores. Porque cada tiempo de silencio es un refugio único para el alma. Un capullo que se crea en necesidad, y luego no puede ser reutilizado. Y siendo único, es absolutamente hermoso.

Disfrutad de cada uno de vuestros tiempos de silencio. Valoradlos. Buscadlos cuando los necesitéis.

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